La mañana siguiente me desperté con el ruido de las cortinas abriéndose tras de mi. La luz del sol me cegó aún sin abrir los ojos. Quien dejó pasar la luz era la persona encargada de ayudar con los quehaceres de la mansión de mi abuelo, que me traía el desayuno.

– No me diga que ha estado todo el fin de semana sin salir de aquí, absorta en los viejos libros de su abuelo.

– La verdad es que con las tormentas y con una casa tan grande, era el único sitio que me parecía seguro.

– Tenga cuidado, su abuelo dedicó toda su vida a esta librería y a todo lo que rodea las historias que se cuentan en todas estas páginas. Y le aseguro, que la curiosidad, puede llegar a ser un gran enemigo

– Lo siento, no era mi intención importunar a nadie. No pretendía causar ninguna molestia.

– No se equivoque, por lo que a mí respecta, todo esto es suyo. De hecho, era el deseo de la familia que acabase en sus manos. Así que no tiene por qué disculparse.

Dejó una bandeja con un suculento desayuno, aunque dada mi escasa alimentación del fin de semana, era más que apetitoso.

– Será mejor que coma algo, y nada mejor que un rico zumo de frutas por la mañana y un buen café con tostadas.

– Espero que no tenga Kiwi, soy alérgica.

– No se preocupe, después de tantos años, ya sé como le gusta el zumo. Si no le importa, retiraré todo lo que tiene sobre la mesa.

Sin apenas escucharle, mis ojos volvieron a posarse en el cofre y mentalmente volví a repasar el rompecabezas que prácticamente, ya tenía memorizado.

La segunda pista decía: Hasta las bestias mas poderosas se inclinan ante mi presencia. Después de lo que había leído, era lógico pensar que hablaba de las bestias que tanto miedo infundían en el relato que leí sobre el desembarco de Lindisfarne. Por ende, el símbolo nórdico era el que mayor relación podría tener con ese fragmento.

La tercera pista afirmaba: Ni los mas despiertos son capaces de escapar al sueño eterno de mis palabras. A modo de descarte, quería pensar que se refería a la muerte, y por ello me decanté por el símbolo del ahorcado.

La cuarta pista anunciaba: Consigo siempre lo que quiero. No olvides que soy la dueña de tu sangre y tu dinero. Si mi memoria no me fallaba, ese escudo de armas lo había visto cuando era pequeña en más de un libro del abuelo. Era el emblema de la familia Bathory. Dada la reputación que ostentaba por su poder y riqueza, además de los conocimientos en medicina, era una respuesta obvia. Al menos eso me parecía.

La quinta exponía: Aunque me oculte entre las sombras, conseguiré la verdadera iluminación. También tenía claro que uno de los símbolos que aparecía en el cofre era el símbolo de la orden de los Illuminati, quienes fueron perseguidos por sus creencias en las ciencias. Aunque también podría hacer referencia a los egipcios que buscaban la iluminación y creían en el Dios Sol. Se me complicaba la combinación.

La primera pista enunciaba: Cuan poderosa es mi sabiduría, que me permite controlar los elementos. El uso de los elementos era algo que los Illuminati utilizaban, pero por otra parte ya había colocado esa respuesta en la quinta pista. Aunque… podría ser incorrecta.

Finalmente la última pista decía: La historia tiene tantos años como yo, creador de todas las almas perdidas. De nuevo podría ser el símbolo egipcio, ya que es una de las civilizaciones más antiguas…

En ese mismo momento, el mayordomo dejó la bandeja en el borde de la mesa y con el reflejo del sol sobre el vaso, vi la respuesta clara como el día. Me levanté como un resorte y me puse rápidamente a introducir la contraseña. El símbolo que no llegaba a comprender era una estrella que mezclaba algún tipo de ritual con alquimia, muy parecido a mi escudo familiar. Por lo tanto las respuestas restantes quedaban claras. La sexta pista hacia referencia a la antigüedad por lo que la respuesta sería Egipto,  la que hacia mención a la sabiduría se refería al símbolo alquímico y la quinta a la los Illuminati.

Tras introducir las respuestas, siguió sin ocurrir nada. Me recliné en el diván y mientras suspiraba de desesperación. El mayordomo dijo:

– Si me permite la sugerencia. Si algo he aprendido a lo largo de estos años es sobre historia. La alquimia es tan antigua como nosotros y los egipcios buscaban la ilustración por encima de todo. Era tal su conocimiento, que aun a día de hoy se sigue sin saber cómo construyeron las pirámides y otros tantos misterios sin resolver. Por lo tanto, lo de las sombras está claro que concuerda con su hipótesis de los Illuminati.

Coloqué la nueva combinación y el sonido de un engranaje junto a un crujido hicieron que la tapa superior se separase ligeramente, dejando así, el cofre abierto. Aun con la boca abierta del asombro me gire hacia él y grite:

– ¡Annibal,eres un genio!

– Gracias, pero no es para tanto. Tantas horas entre estas paredes tendrían que servir para algo.

Abrí la tapa y encontré un pedazo de cuero antiguo. Tenía un tacto áspero que recordaba a piedra de granito. He de admitir que fue una victoria agridulce. ¿Tanto secretismo y tanta protección para un simple trozo de cuero viejo?

Al fondo del cofre había una tarjeta.

“Estodo lo que he podido conseguir.
Esperoque sea suficiente”
Concariño
                                     D.

En el reverso había una dirección. Pertenecía a un anticuario que curiosamente, no se encontraba muy lejos de casa. Estaba claro que tenía dos opciones para conseguir respuestas, podía quedarme en la biblioteca leyendo todos esos libros y creando mis propias hipótesis, o bien, podía ir a ver a la persona que le vendió esto a mi abuelo y obtener más información sobre la situación.

– ¿Desea usted que acerque el coche?

– Sí, y que sea lo antes posible. Gracias Annibal.