Siglo XXI – Londres (Inglaterra).

Un susurro que entonaba mi nombre salió del objeto escondido bajo el terciopelo y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Aparté la mano temeroso, me dispuse a encerrar nuevamente lo que había encontrado, pero volví a escuchar esa voz, esta vez, sonaba dentro de mi cabeza:

«Soy parte de ti, al igual que tú eres parte de mí. Ninguno de los dos estará completo sin el otro, por lo tanto, hagas lo que hagas, jamás podrás escapar de mí.

Libérame y te haré despertar…

Despierta…»

Entonces extendí mi mano y aparté la tela, desvelando bajo ella un cofre de madera de aspecto elegante pero antiguo.

Por un momento decidí olvidarme del libro y lo dejé a un lado, hice sitio en la mesa y me centré en el cofre. Parecía que no llevaba mucho tiempo escondido, ya que no había señales de polvo. En la parte inferior tenía unos hexágonos de piedra con unos símbolos, que parecían poder girar para activar algún tipo de mecanismo, aparentemente formado por una combinación de 6 figuras.

La parte superior parecía estar ligeramente rota, por lo que pude abrirla sin mucha dificultad. Levanté la pequeña tapa superior y encontré una nota. A diferencia del resto del cofre, parecía mucho más reciente.

“Cada uno de los seis ha sido bendecido por una maldición. En tu mano está guiarlos por el camino correcto, ésa es tu maldita bendición.

Pero ten cuidado, no será fácil y deberás encontrar ayuda y saber en quién puedes o no confiar, además de poner a cada uno de ellos en su lugar.”

  1. Cuan poderosa es mi sabiduría, que me permite controlar los elementos.
  2. Hasta las bestias más poderosas se inclinan ante mi presencia.
  3. Ni los más despiertos son capaces de escapar al sueño eterno de mis palabras.
  4. Consigo siempre lo que quiero. No olvides que soy la dueña de tu sangre y tu dinero.
  5. Aunque me oculte entre las sombras, conseguiré la verdadera iluminación.
  6. La historia tiene tantos años como yo, creador de todas las almas perdidas.

¿Cómo podía resolver este rompecabezas que no tiene ningún sentido aparente? Pasé largas horas sopesando e intentando introducir posibles combinaciones, pero no ocurrió nada. Mi frustración y mi desesperación no hacían más que aumentar, ya que hablábamos de un millón de posibles combinaciones.

Dejé la caja de lado y con la esperanza de encontrar alguna pista que me hiciese dar con la combinación, me centré nuevamente en mi libro y mi bebida, aunque el cansancio acabó entregándome a los brazos de Morfeo.