Siglo XXI – Londres (Inglaterra).

Este libro contiene diversas anotaciones, cuentos, fábulas y páginas de lo que parecen diarios personales de diferentes épocas y personas.

Ya son varias las glosas y relatos que encuentro en ésta biblioteca y cuanto más avanzo en mi investigación más se me estremece el cuerpo.

Es curiosa ésta sensación. Según voy ahondando en mi búsqueda más curiosidad me despierta. Me paso las horas en este archivo como si de segundos se tratase. Olvido todo lo que me rodea y pierdo la noción del tiempo…

Ayer, cuando el reloj marcaba la media noche, repentinamente las agujas se detuvieron en la sexta campanada. Me acerqué dubitativo, pues en el tiempo que llevo aquí nunca lo he visto en funcionamiento. Me aproximé cauto para examinarlo y aunque era un reloj viejo se veía bien cuidado, de hecho parecía un objeto de coleccionista, con esas tallas tan perfectas y bonitas que lucía.

Lo observé. El minutero no estaba colocado en el reloj, no le di importancia y simplemente me limité a darle cuerda. No parecía estar trabajando, aún así oía su mecanismo interno. No quería descuidar mi investigación por lo que volví nuevamente a los textos, para así recopilar más información.

La búsqueda se encontraba en un momento de bloqueo. No lograba saber quién o quienes fueron los propietarios del misterioso y peculiar libro que me encandilaba.

En mi desesperación, decidí sentarme en el sillón de cuero que presidía una de las mesas de lectura y tomé un trago de mi licorera en aras de liberar la mente de tanto cansancio. Recliné la cabeza para acomodarme, cuando mi mirada se posó en el marca páginas del libro.

Me dirigí a examinarlo detenidamente. Desde el primer momento supe que era valioso. Estaba compuesto de oro y sus grabados eran de una forma muy inusual. En el centro tenía una pequeña muesca, pero no reparé en detalles, pues el libro me tenía embelesado.

Miré nuevamente al reloj y dije para mi en voz alta…

-“¿Como puede ser? O esto significa algo, o el abuelo estaba tan trastornado que por no comprar un marca páginas uso el minutero.”

Me acerqué al reloj, coloqué el minutero en su respectivo lugar y me dispuse a ajustarlo en la hora actual. Según lo coloque a las 12:00 el péndulo volvió a moverse y sonaron de nuevo las 6 campanadas continuadas de un crujido en la pared.

Me asusté y retrocedí un par de pasos, al mismo tiempo, divisé que detrás del cuadro central se había abierto una pequeña cavidad.

En su interior encontré un objeto envuelto en una tela aterciopelada negra.