Malditos sean los sacerdotes, treinta miserables piezas de plata por toda una vida de culpa y arrepentimiento. Ni siquiera por todos los siclos y estateros de la tierra debí haber aceptado.

Desde ese momento, ese ser no deja de aparecer en varias de las áreas del campo del alfarero. Cada vez que camino por ese camino, lo veo con su túnica, veo cómo me mira, aunque no veo sus ojos ni su rostro. Me pone los pelos de punta y, tan pronto como lo dejo de mirar, la visión desaparece de nuevo …

Esto no puede continuar así. Hoy me presenté en el templo, pero esos sucios adoctrinados del Sanedrín ni siquiera han querido recuperar su sucio pago, queriendo avergonzarme y haciéndome sentir culpable. Aun así dejé las monedas malditas en el templo, esperando que el remordimiento y estas visiones dejen de perseguirme.

Pensé que todo se resolvería, pero cuando volví a casa volví a verlo, esta vez más cerca. Estaba de pie mirándome, inmóvil y envuelto a la sombra de ese árbol. Por un momento estuve paralizado, pero me escapé hasta quedarme sin aliento.

No me di cuenta hasta ese momento que algo sonaba en mi bolsillo.

¿Cómo es posible? Recuerdo    perfectamente dejar las monedas en el templo …

¿Qué esta pasando?