8 de Junio del año 793 de nuestro Señor.

La oscuridad avanza y una espesa niebla se abalanza sobre las sinuosas aguas de la costa de Lindisfarne. Presiento que algo oscuro se acerca retorciéndose y desgarrando el aire.  Sordos rayos caen del cielo resaltando las sombras de los dragones que eones atrás se convirtieron en las historias que les contamos a nuestros hijos. Corren rumores que hablan de unos extranjeros que llegaron a la Bahía de Portland hará cosa de tres años. Se dice que el mar los conduce y la niebla les oculta de la mirada de Dios. La cosa es que, según estas habladurías, sólo se podían escuchar los gruñidos, llantos y gritos provenientes de la población que masacraron. Sólo les bastó una noche para desatar las fuerzas del Infierno. Sé que no se puede huir, es inútil luchar… tan sólo podemos rezar… por favor Padre, protege a tus hijos,… protégenos… “¡NO SON DRAGONES! ¡SON BARCOS!” Los gritos no cesan,… llegan de todas partes. Pero,… ¿Qué son esas cosas que salen de los barcos? “¡LA COSTA HA CAÍDO, REFUGIÉMONOS EN EL CASTILLO! ¡AL CASTILLO!” ¡Oh, por el amor de Dios! ¿Qué va a ser de nosotros?